Desde que empecé como fotógrafo he tenido diversas etapas en cuanto a mi forma de mirar por el objetivo.
Al principio comencé en esto como un trabajo más con el que buscarme la vida, cada sábado tomaba las fotografías de rigor y a mis parejas les encantaba; sin embargo yo no estaba lleno del todo.

Poco a poco fui entendiendo lo que buscaba, quería fotografiar personas, pero no puestas para mí, sino personas de verdad en su hábitat natural de ese momento; quería fotografiar su alma…
Esta fotografía de arriba fue un punto de inflexión en mi carrera, podría decir que aquí quedó atrás el chaval que se buscaba la vida con esto para dar paso a Javier Alzahira, y para que a partir de ahí la fotografía se convirtiera en mucho más que mi trabajo.

Aunque suene muy épico e irreal, cuando capturo estos momentos va un trocito de mí en cada foto.

Mi forma de sentir, mi manera de vivir, es un todo que se resume en imágenes emotivas que quedarán para siempre. Creo que esa será mi aportación al mundo, hacer que las personas que nos dejan jamás se vayan del todo ya que viendo esa instantánea podrás revivir ese momento.